Le explicas tu estilo una vez y monta los que le eches: corta los silencios, pone los subtítulos, baja la música cuando hablas. Yo miro tres fotogramas y doy el visto bueno. La línea de tiempo no se abre en ningún momento.
Uno de los míos, montado así Los subtítulos, los cortes y la música los puso él
Seis reels distintos, grabados en días distintos. Fíjate en los subtítulos: mismo sitio, mismo tamaño, mismo tipo de letra. Eso no lo hice yo seis veces. Lo escribí una vez, en un archivo, y se aplica a todo lo que le eches.
No hay ningún programa de edición abierto. Le hablas, y él monta. Son tres piezas:
Le dices lo que quieres en cristiano. Él escribe el montaje y lo ejecuta.
Deja montar vídeo escribiendo en vez de arrastrando. Es lo que hace posible lo demás.
Un archivo donde dices cómo son tus vídeos. Se escribe una vez y manda sobre todos.
Cinco pasos: montar el taller, ordenar el material, escribir el libro de estilo, montar el primero y dejarlos todos hechos de golpe. Con los encargos listos para copiar, los números exactos de dónde puede ir el texto sin que lo tape Instagram, y lo que se me atascó.
Déjame el correo y la abres al momento, aquí mismo. De vez en cuando te escribo cuando monto alguna otra cosa. No hay boletín semanal ni nada parecido.
Lo vemos en quince minutos. Es una llamada, no una demostración: te digo si esto te encaja, y si no te encaja te lo digo igual.
Quiero que me lo montenSe abre mi calendario. Antes te pregunto un par de cosas, para preparar la llamada y no hacerte repetirlo todo por teléfono.